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sábado, 7 de mayo de 2011

Calderón, Enfermo Mental

Miente usted, señor Calderón

Epigmenio Carlos Ibarra
2011-05-06


Había decidido no escribirle ni una carta más a través de este medio. Lo declarado por usted a Joaquín López-Dóriga el martes pasado y luego su mensaje a la nación del miércoles, en cadena nacional y en los horarios estelares de tv, me ha hecho cambiar de opinión.

Tenemos los ciudadanos —y en especial quienes ejercemos el oficio periodístico— no solamente el derecho, sino el deber de hacer contrapeso, en la medida de nuestras posibilidades, al poder y más cuando éste se ejerce con tan notoria y criminal ineptitud como usted lo hace.

Aunque usted y sus seguidores pretendan llevar el país hacia el pasado autoritario donde la palabra del presidente era prácticamente dogma de fe, lo cierto es que los tiempos han cambiado.

Si aspiramos a retomar el rumbo democrático, perdido cuando la traición de Vicente Fox le permitió a usted sentarse en la silla, no podemos ni debemos tolerar que nadie, escudándose en el cargo, en el que supuestamente está para servirnos y no para servirse de nosotros, mienta impunemente.

Sé que —como ha sucedido en el pasado— no habré de recibir respuesta de su parte y que esta nueva carta que le dirijo no tendrá, ni por asomo, la difusión tanto de la entrevista como del mensaje que usted dirigió a la nación, pero no puedo quedarme, ante los mismos, con la boca cerrada.

Ofende e indigna profundamente la ofensiva propagandística desatada por usted en la inminencia de la partida, desde la ciudad de Cuernavaca, de la marcha por la paz con justicia y dignidad convocada por Javier Sicilia.

No tuvo usted el recato y la prudencia de los que, quienes han convocado a la marcha y quienes en ella participan, han hecho gala. En lugar de esperar, callar y escuchar prefirió de nuevo la estridencia. Se lanzó así, como es su costumbre, al ataque, reafirmando la vocación autoritaria que lo caracteriza.

Ofende e indigna la forma en que pretende desvirtuar el creciente clamor ciudadano y su esfuerzo consistente por presentar ante la opinión pública, a la cual tiene usted acceso privilegiado, a quienes nos oponemos a su estrategia como cómplices del crimen organizado.

Ofende e indigna que en las actuales circunstancias se atreva usted a lanzar, en cadena nacional además, este tipo de acusaciones, incite, desde el poder al linchamiento, siembre la discordia, promueva el odio y ponga en riesgo la vida de tantos.

Se lo dije hace unas semanas aquí mismo y lo repito: juega usted con fuego, promueve con su discurso ahora la misma violencia que, sus erráticas acciones contra el narco, no han hecho sino escalar.

No hace usted, sin embargo, nada nuevo. Así llegó a sentarse en la silla. Así, por esta vía que usa de manera recurrente, llegaron al poder otros regímenes autoritarios; explotando el miedo en la gente, presentando a sus opositores y críticos como un “peligro para México”, invocando los más oscuros y primitivos instintos de sus partidarios y seguidores.

Si antes fue peligroso e irresponsable que usted actuara así, hoy es criminal que vuelva a hacerlo.

Ofende e indigna que se atreva a pedir “comprensión” cuando no ha sabido usted tenerla para los problemas que aquejan al país, las causas estructurales del narcotráfico, que ha dejado intocadas, y sobre todo para los sufrimientos de decenas de miles de personas cuyos seres queridos han muerto en esta guerra y a los que, sin mediar averiguación judicial alguna, ha criminalizado sistemáticamente.

Ofende e indigna que se atreva a pedir propuestas cuando sistemáticamente ha desoído las voces de expertos, instituciones académicas, organismos internacionales, gobiernos extranjeros que han insistido en la necesidad urgente de combatir de manera integral y no sólo mediante acciones de fuerza que solamente han fortalecido y radicalizado la violencia criminal de los cárteles de la droga.

Ni su estrategia de combate al narco es, señor Calderón, el “único camino” transitable para conseguir la paz y la seguridad en nuestro país ni, tampoco, quienes insistimos que ha de cambiarse con urgencia la misma pretendemos que el Estado se “eche para atrás” y ceda terreno al crimen organizado.

No queremos que el Estado renuncie a lo que constituye su tarea fundamental: la preservación de la paz y la seguridad de los ciudadanos. Es a usted a quien, en cumplimiento de un deber democrático y por la firme convicción de que con sus acciones ha conducido al país al abismo, a quien debemos atarle las manos.

Plantea usted una falsa disyuntiva. Mentira que quien no esté con usted esté contra México y a favor de que éste caiga en manos de los criminales. Mentira también que quienes nos oponemos a su “guerra” suframos de amnesia selectiva y olvidemos la responsabilidad de gobiernos anteriores al suyo.

Quien padece amnesia es usted, señor Calderón. Con el PRI, al amparo del cual floreció el narco en nuestro país, usted ha cogobernado todos estos años. De Vicente Fox, que permitió que el crimen organizado se apoderara de amplios segmentos del territorio nacional, recibió el poder.

A uno y a otro no ha hecho sino garantizarles impunidad. La misma que usted espera recibir de su sucesor; la misma que los ciudadanos, por la vía legal, habremos de negarle.

http://elcancerberodeulises.blogspot.com/erodeulises.blogspot.com/

www.twitter.com/epigmenioibarra











El problema más grande al que nos enfrentamos los mexicanos, ya no es el narcotrafico ni el crímen organizado, el problema real, es estar en manos de un ser enfermo, con un trastorno de la personalidad conocido como "Megalomanía", y para quien no conozca dicho trastorno, aqui la definición:
El manual de Enfermedades Mentales a escala mundial (DSM IV) clasifica entre el Grupo B, a los Trastornos de Personalidad que se manifiestan por síntomas dramáticos emocionales, como los Trastornos de la Personalidad Histriónica, consistente en emocionalidad excesiva y búsqueda de atención o el Trastorno de Personalidad Antisocial, caracterizado por el desprecio y violación de los derechos ajenos.
En el Trastorno Narcisista las personas se caracterizan por presentar un desmedido sentido de la importancia personal y estar convencidos de poseer características superiores. Están continuamente preocupados por fantasías de éxito, poder, brillantez, belleza o amor imaginario ilimitado, junto a una permanente necesidad de admiración y atención. Presentan una autoestima sobredimensionada, suelen ser muy sensibles a la crítica y se les dificulta tolerar frustraciones. Para estar a su lado, es necesario adularlos o serán rechazados de su círculo. El narcisismo suele llevar a la megalomanía y al desarrollo de estados que colocan al individuo que lo sufre fuera de la realidad.La Mitomanía
Las personas mesiánicas tienden a mentir por cuanto necesitan crear su entorno irreal el cual les permita “salvar” al mundo que los rodea y terminan asociándose con la mitomanía. Los mitómanos son mentirosos patológicos. Van de mentira en mentira, elaborando relatos y explicaciones que llegan a creerse ellos mismos. Son incapaces de reconocer el concepto de la mentira como irreal. Solo tienen una verdad absoluta: la propia. Se sienten por encima del bien y del mal. Embaucan a las personas que viven en su entorno, quienes acaban siendo al tiempo cómplices y víctimas de sus engaños. Aunque parezca lo contrario, por el histrionismo que los caracteriza, los mesiánicos son emocionalmente fríos, calculadores, manipuladores y evitan intimar con los otros. Cuando la comunicación por medio de la mentira, el histrionismo, la paranoia, el narcisismo y los delirios llegan a formar parte de los hábitos personales, se puede provocar una escisión de la personalidad que conduciría a un grado de psicosis en la que se confundiría la fantasía con la realidad.


http://gessen.wordpress.com/tag/megalomania/


El problema es que cuando un personaje con este trastorno llega al poder, no hay manera posible para persuadirlo de abandonar sus obsesivas acciones, hay que entender que los trastornos de la personalidad, son patologías que tienen un curso natural, que no se detienen ante nada y que requieren tratamiento, pero el tratamiento no es a base de marchas y reclamos, eso no hace sino acentuar más la enfermedad, el tratamiento es psiquiatrico y para ello, debe ser declarado "insano mental" y esto, solo lo puede hacer un médico.


No es el supuesto acoholismo de Calderón lo que debe preocuparnos como ciudadanos, sino este trastorno con el cual encaja perfectamente y a la distancia, cualquiera puede comparar la definición de la patología con la personalidad y las acciones de este oscuro personaje que el día de hoy, legitima o ilegítimamente lleva las riendas del país.



El discurso de este pequeño hombrecito es por demás aterrador, dice, entre otros disparates que de no actuar, las bandas de criminales andaran por las calles extorsionando y asesinando (como si actualmente no lo hicieran), habrá que recordarle al señor que en toda la Comarca Lagunera, el Estado de México y otras muchas partes del país, el que no paga derecho de piso es asesinado o su negocio quemado,que el crímen organizado controla grandes territorios ya de el país, habrá que recordale el caso de Don Alejo quien murió defendiendo su rancho ante la inexistencia del Estado. Así mismo solicita el apoyo de todos los "mexicanos de bien", dando por sentado que si no lo apoyas en su demencial cruzada, eres "mexicano de mal", dice que está defendiendo México con lo mejor que tiene, la Marina, el Ejercito, la Policia Federal y pretende con un discurso fascistoide alinearnos a todos hacia el bando de los buenos, pretende hacernos creer que año y medio, depurará las policías, limpiará el sistema judicial y borrará la impunidad cuando en cuatro años y medio lo unico que ha hecho es empeorar la situación llevandonos al borde del precipicio, pero lo que en realidad nos está pidiendo, es que lo sigamos todos en el salto al vacío.
Hay que observar el problema con objetividad y preocupación,Felipe Calderón no es un hombre con una estrategia equivocada, no es un alcohólico necio, Felipe Calderón es un enfermo mental...

jueves, 3 de marzo de 2011

CARTA AL PRESIDENTE DE MÉXICO. DE UN MÉDICO REGIO

RIDÍCULA MINORÍA SEÑOR PRESIDENTE:Efectivamente, el crimen organizado representa una ridícula minoría, que por desgracia afecta a la mayoría de los mexicanos, pero existen desde hace más de 80 años otras minorías que han estrangulado lentamente y sin misericordia a la mayoría de nosotros.

LA RIDÍCULA MINORÍA de diputados y senadores que enfrascados en intereses personales y partidistas han obstruido los cambios legislativos que se requieren con urgencia para nuestro país.

LA RIDÍCULA MINORÍA de quienes forman el poder Judicial y quienes no aplican la justicia por igual, generando un estado de anarquía que ha acabado con nuestra confianza.

LA RIDÍCULA MINORÍA de los dueños de riquezas mal habidas en nuestro país que concentran de manera inmoral e intolerable la mayor parte de los bienes de la nación ante la injusticia de 40 millones de mexicanos en pobreza extrema.

LA RIDÍCULA MINORÍA que dirige el destino de la educación en México, matando antes de nacer una nueva generación de mexicanos destinados desde ahora a la mediocridad intelectual.

LA RIDÍCULA MINORÍA de los monopolios que laceran la economía de los mexicanos.

Señor presidente: Necesita actuar ante éstas y otras RIDÍCULAS MINORÍAS. Si lo hace, la abrumadora mayoría estaremos con usted, pero si no lo hace, despertará pronto el monstruo dormido de las mayorías, y entonces sí, señor Presidente, ya nada será igual.

Dr. Alejandro Camelo Schwarz
Monterrey, Nuevo León, México
Soy médico Otorrinolaringólogo, tengo 54 años.
Me dedico a la práctica privada de mi especialidad
en mi clínica Centro Médico Miravalle.

Amigos: Eso es tener valor civil, ojalá lo reenviáramos cuando menos UNA RIDÍCULA MINORÍA;para que le quede manifiesto a Calderón, que estamos hartos de esa RIDÍCULA MINORÍA,como él dice. Alcemos la voz, reenvía esta carta, seguro algo irá cambiando;hasta que seamos una HONROSA MAYORÍA de mexicanos conscientes y ya sin temor a denunciar lo que está tan mal en nuestro país.

domingo, 28 de noviembre de 2010

CARTA A UN TAL FELIPE.

Este correo me llego hace algún tiempo, y no había tenido a bien leerlo, sin embargo y a pesar de que está en relación a las cartar de FECAL o su gobierno mando a las casas de muchos ciudadanos (a mi no me toco, sniff), creo que el texto expresa lo que muchos queremos decir por lo que para finalizar este domingo, lo dejo a la consideración del respetable...



Felipe Calderón Hinojosa:


El día de hoy al llegar a casa, me encontré tirado cerca de la puerta un sobre transparente en cuyo interior se observaba el escudo nacional. El contenido del sobre, tirado, debo insistir, era el siguiente: una bandera nacional, la letra del Himno y una carta de Ud., Felipe Calderón, firmando como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos (“haiga sido como haiga sido”, agréguese). A esa carta responden estas líneas.

El mismo sobre estaba tirado por fuera de todas las casas, aun en las deshabitadas y las de plano abandonadas. Qué lástima. La enseña nacional rodando por el suelo, como fiel estampa de la suerte que corre la patria desde hace muchos años, pero sobre todo en los últimos. Les pedí a unos chamacos que recogieran las banderas tiradas en las casas no habitadas. Trajeron 24 y se ganaron unos pesitos, que supongo se gastaron en productos chatarra.

No se les debe culpar por ello: asisten a escuelas chatarra y, a veces, hasta clases tienen; si prenden la tele, ven tele chatarra; lo mismo pasa si se les ocurre prender la radio, caso improbable, tratándose de chamacos; si se suben al camión urbano, será un camión chatarra; si sus hermanos pequeños asisten a la guardería, asistirán, peligrosamente, a una guardería chatarra, en donde podrán ser asesinados impunemente, pues lo más importante, lo que verdaderamente importa, es el margen de utilidad (para que salpique), y no su seguridad. Van formando parte, los chamacos, de una sociedad paulatinamente chatarrizada, por un gobierno que es chatarra, pero digerida ya, en los intestinos de la corrupción.

Ese gobierno, chatarra digerida, tiene en Usted a un representante inmejorable (¿o impeorizable?). Su gobierno, inundado en bases de datos con información de los ciudadanos, es incapaz de personalizar las cartas que acompañan Bandera e Himno. Por eso las tiran indiscriminadamente, para que muchas, muchísimas banderas, se confundan con la propaganda-chatarra-basura que avientan anunciando desde pizzerías, casas comerciales o de empeño.

Qué bueno que tiran la Bandera en sobre cerrado. Ahí debe quedarse. Son éstos, tiempos de guardar banderas. Por ello los vendedores de banderitas que hacen su agosto en septiembre, se quejaron de que este año, a pesar del bicentenario, se les quedaron muchas sin vender. Y cómo no, si el orgullo patrio y sus fervores deben esperar mejores tiempos.

Y hasta eso que Ud. se tira un rollo muy bonito. ¡Ah, los colores de la bandera! “el verde de la esperanza, el blanco de la paz que hemos conquistado y el rojo de la sangre derramada por nuestros antepasados”, dice usted. Pero ¿Cuál esperanza? Si la juventud entera (siete millones, y contando) tiene cancelado su futuro, al no encontrar ni oportunidad de estudio, ni de trabajo. ¿Cuál paz? Si en aras de obtener el reconocimiento y legitimidad que le negaron las urnas, Ud. sumergió al país en una guerra contra algunos narcos, protegiendo a otros. En lo que sí tiene razón es en eso del rojo de la sangre derramada. Nada más faltó poner la sangre de nuestros antepresentes y de nuestros antefuturos. Pues quién sabe cómo y cuándo saldrá el país de esa guerra a la que usted le entró “como el Borras”.

Son, pues, tiempos de guardar banderas. Entre otras cosas porque la banda presidencial (no me refiero a su gabinete), la ciñe una persona que alguna vez dijo “yo gané, haiga sido como haiga sido”. Esa persona ensucia esa banda, que es nuestra bandera. Por eso nuestra bandera es una bandera sucia.

Sin embargo, la guardaremos hasta un día de julio de 2012. Cuando, a fuerza de votos, pongamos fin a su mal gobierno. Ese día la bandera ondeará feliz y orgullosa. Pero todavía no estará limpia. La lavaremos, la limpiaremos, hasta el primero de diciembre de 2012, a eso de las once de la mañana. A esa hora Ud. habrá entregado la banda presidencial y será incapaz ya de seguirla ensuciando.

A esa hora de ese día, iniciará Usted su inevitable camino hacia el fondo de la letrina de la historia. Debemos suponer que estará feliz, en su elemento. Nosotros también, con nuestra bandera rechinando de limpia. Lavadita, lavadita (con Ajax bicloro, porque la mugre está cañona), nuestra bandera podrá lucir esplendorosa, bajo el cielo de la patria nuevamente esperanzado.



Martín Vélez.

P.D: No me tutee, que hay niveles.